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Y la autocrítica, ¿para cuándo?

octubre 31, 2010

Este sábado celebrábamos dentro de la programación de interQué una edición especial, la octava, de Café&Periodismo. El tema elegido para el debate era la precariedad en los medios y nos acompañaban para abordarlo el director de lainformacion.com, Carlos Salas, y la directora de Informe Semanal de TVE, Alicia Gomez Montano.

Como es habitual en este debate volvieron a surgir algunos de los argumentos de siempre, además, desde los dos lados de la trinchera: la corriente que opina que los periodistas deben tener más arrojo, que deben salir a la calle a buscar noticias y que deben ofrecer cosas diferentes a los medios para que les contraten y todo ello por un sueldo bajo o sin sueldo; y la corriente que, aún admitiendo que el profesional debe trabajárselo, considera que los medios deben pagar bien, porque el periodismo de calidad, el buen periodismo tiene un alto precio.

Las dos posturas tienen sus razones y un argumentario que cualquiera podría defender. Ahora bien, desde mi humilde opinión, volví a echar en falta un poco de autocrítica, eso que los periodistas (también otros profesionales) llevamos un poco mal o nos cuesta más de lo que debería. Y digo esto porque está muy bien que tiremos de las orejas a los empresarios, a los medios y a la precariedad que hoy nos inunda, pero también tendríamos que ser capaces de censurar algunas actitudes en las que caemos los periodistas o nos dejamos caer por la inercia de un mercado oxidado y que nos lleva por este camino. Autocrítica para ser capaces de enmendar determinados comportamientos y ciertos errores de bulto. Que los hay y muchos.

En cualquier caso, el tema de la precariedad en los medios, que siempre suscita tanta discusión, seguirá presente en los próximos debates que albergará Café&Periodismo. Seguro. A ver si para entonces se nos ha despertado la autocrítica profesional tan importante en estos casos.

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4 comentarios leave one →
  1. octubre 31, 2010 3:24 pm

    Nunca he entendido el tema de la “precariedad”. Para empezar porque la generalización esconde una realidad: “precarios” serían unos, pero no todos. Es decir, que unos han conseguido una posición profesional con unos ingresos que les dejan teóricamente satisfechos y, otros, no lo han conseguido. De eso no tiene la culpa nadie y, si hay más profesionales que puestos bien retribuidos en los medios, no hay a quien culpar. Entraña también una trampa intelectual: que por el mero hecho de ser medio, deben existir puestos buenos para todos. El resto del mundo no funciona así, legislación laboral española y su tendencia a dualizar el trabajo aparte. La otra lectura es: si te parece precario y no logras la posición que quieres, no queda más remedio que dedicarse a otra cosa. Aunque duela. O perseverar. Los reyes son los padres.

    Otra cuestión es discutir las estrategias que toman las empresas ante el problema de sus costes en un mercado de ingresos decrecientes: procurar pagar menos a quienes producen el contenido que puede ser diferenciador mientras se mantienen estructuras obsoletas pues… allá ellos. También la legislación laboral española puede estar incentivando este fenómeno al sobreproteger la antigüedad y otras bagatelas. Eso sí, es muy difícil decirle a unos señores que tienen unas estructuras de cuentas de resultatos determinadas que las cambien de la noche a la mañana de forma radical, porque no hay negocio que no sea casi necesariamente conservador, mucho más si ese conservadurismo implica la reducción de puestos, sueldos y ventajas de los mismos que tienen que decidirlo.

    El efecto es que la trivialidad del periodismo cada día es mayor y la diferenciación con el no profesional, menor. Por no olvidar el efecto de que las fuentes son casi todas públicas y, las que no lo son, que es donde está el valor añadido, sólo puede accederse con gente que se gana razonablemente bien la vida. Pero, ¿cuántos son?

  2. octubre 31, 2010 8:46 pm

    Voy a acudir a una de esas prácticas máximas del ideario económico americano para explicar mi posición: if you pay peanuts, you get monkeys. Y con ello no deseo que el sofista de turno le dé la vuelta a la frase y pregunte qué fueron primero, si los monos o los cacahuetes. A mi juicio, quien opina que el periodista debe lanzarse a la calle o al frente de guerra para vender temas buenos a la prensa por cacahuetes o gratuitamente tiene un espeso cacao neuronal. Porque refleja una lamentable dejadez y una grave falta de criterio sobre el verdadero problema de los medios de comunicación: el modelo de negocio. Tu capacidad para pedir cuentas al empleado se mide por la remuneración de sus servicios; por tanto, si se paga mal una profesión, se eliminan los incentivos económicos de los que deriva la calidad de su práctica.

    Respecto de uno de los aspectos de la opinión expresada por Gonzalo Martín (“La otra lectura es: si te parece precario y no logras la posición que quieres, no queda más remedio que dedicarse a otra cosa. Aunque duela. O perseverar”) me gustaría decir una cosa: si no funciona el modelo de negocio de la prensa, cámbialo (a la velocidad que te exija el mercado, por supuesto, de la noche a la mañana, o de un año para otro, o de una década para otra), o echa el cierre. Los periodistas sufren las consecuencias de una gestión empresarial pésima. Y, en el libre mercado, si eres mal gestor, estás abocado a echar el cierre, cambiar de negocio, endeudarte hasta las trancas o patalear puerilmente por quimeras imposibles.

    Creo que por muchas opiniones que existan sobre la cuestión mediática, los argumentos que dejo arriba son insoslayables desde el argumentario de la otra postura.

  3. noviembre 1, 2010 3:45 pm

    ” si no funciona el modelo de negocio de la prensa”..

    Hay mucha leyenda con esto. ¿Qué quiere decir que no funciona? No les funciona a algunos, a otros sí. La “crisis de la prensa” tiene que ver con el sostenimiento de estructuras que, generalmente, no son “información”. O con el hecho de que el soporte muta y no quiero modificar mi estructura de costes. Pero el modelo es esencialmente el mismo: unos usuarios por subscripción, otros por publicidad. La prensa de papel utilizaba la venta en quiosco para pagar los costes de distribución y justificar una audiencia que se vende al anunciante, donde aparece el verdadero margen. Las promociones han hecho ganar dinero, pero ahora parece que solo sirven para justificar circulación. Mientras, diarios digitales nuevos en todo el mundo ganan dinero. ¿Con facturaciones menos espectaculares? Sí. Es que muchos piensan que han de ser millonarios por el mero hecho de ejercer una actividad. O, comprensible, les fastidia dejar de ser millonarios. Incluso hay quien gana en papel: no es el modelo, sino cómo lo haces.

    La cuetión de los cacahuetes y los monos es verdaderemente cierta. Pero hay los mercados son los que son: ¿cuántas son las empresas o servicios que pueden sostenerse pagando con caviar? Ese número va a ser reducido, se quiera o no, y el resto serán “precarios”. Nadie tiene la culpa de que no todo sea “financiable” más que el palabro mágico de la “sostenibilidad”

  4. noviembre 1, 2010 3:58 pm

    Perdón: he publicado por error y no había terminado.

    Decía lo del palabro de la “sostenibilidad”: por ella se quiere decir que la intervención gubernamental me garantice unas reglas del juego en las que tenga ventaja y un competidor nuevo – generalmente digital – no me arruine. Y termina en subvenciones y leyes (o intentos de leyes) para cobrarle, amenazarle o impedir trabajar al competidor: cánones, leyes de propiedad intelectual cada vez más restricitivas, etc.

    Carlos Salas hace hoy una reflexión sobre la “precariedad” que tiene todo el sentido: http://blogs.lainformacion.com/zoomboomcrash/2010/11/01/los-periodistas-y-el-viejo-cuento-de-la-precariedad/

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